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¿Sabia usted? Que el Sistema Límbico, responsable de importantes Procesos Emocionales. Tiene gran influencia en el Sistema Inmunológico. Es decir las emociones afecta nuestras defensas. Por eso, las persona Felices se enfermen menos y los Depresivos o Estresados se enfermen más y con peores consecuencias.

 
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El periodo de la Adolescencia es una etapa muy compleja tanto en su forma como en su fondo, en este articulo del periódico LA ESTRELLA DEL NORTE, la Periodista Paula Díaz, profundiza en las problemáticas y desafíos de los adulto para educar a un Adolescente, y  analiza la difícil comunicación que puede surgir entre los padres y los hijos en la etapa Adolescente. VEA AQUÍ

 

 

Entender, Vivir y Acompañar la Adolescencia

El concepto Adolescencia se relaciona con la palabra adolecer, la cual significa sufrir. Esta idea se sustenta en que en este periodo los niños pasan por la crisis de volverse jóvenes, pasando por desajustes desde lo biológico, hormonal, psicológico y social. Por lo que es un terremoto a gran escala en sus vidas. Y como toda crisis es delicada, necesita cuidado y tiene grados, los jóvenes se vuelven más vulnerables, inestable y comienzan a construir su identidad y necesitan crear su propio estilo, por lo que tienden a reafirmarse a si mismos, más que a buscar o aceptar fácilmente las recetas hechas de sus padres.

 Por ser un periodo tan importante requiere que los adultos cambiemos las estrategias con ellos, a un niño se le puede dar una orden y decirle, “tienes que hacer eso porque yo soy tu papa y te digo que lo hagas”, pero a un adolescente no le puedes decir eso… ya no es un niño, aunque a veces, los adultos seguimos creyendo que si, y los seguimos tratando como niños.

 Por otro lado vivir con un adolescente implica descubrir que se convierte en una persona nueva, ya no es el niño de antes, hoy tiene voz y voluntad propia, construye el concepto de verdad, política, libertad, sexualidad, valores… y hasta de Dios por si mismo, cosa que de niño no tenia. Es una persona nueva y hay que verlo así. Por lo mismo es la etapa en que pueden legítimamente no pensar igual que los padres, y opinar diferente. Lo cual desconcierta a los papás, ya que un niño es una extensión de sus padres, pero un adolescente corre con colores propios y eso desajusta a los adultos y los pone a prueba por primera vez, a la hora de aceptar la disidencia en su propia mesa. Aparece el anarquista, el hijo adolescente, lo que puede hacer que surja en respuesta, el autoritario en uno de los padres, cosa que no ayuda. Ya que el adolescente, no es anarquista porque quiere destruir el sistema familiar o social, sino que busca su propio estilo y necesita espacio y acompañamiento.

 El choque se produce en estos dos conceptos el de los cambios y las crisis del adolescente y los adultos que no sabemos cómo tratarlo, por lo que caemos en confrontación y desaprobación, lo que nos aleja aun más de ellos. La mejor estrategia, pasaría por aumentar y enriquecer los espacios de convivencia con el hijo, o -ritos ancla- para descubrirlo y acompañarlo más, estar con el más tiempo, escucharlo más seguido, conversar más a menudo, compartir experiencias, pasatiempos, el cine, los libros, hablar de cosas que a él le gusten. En el fondo el adolescente, requiere mucha comprensión, compañía y apoyo, ya que no sabe que le está pasando, no tiene como saberlo. Y ese es un frecuente error de los padres, le dicen… “tú ya no eres el mismo, que te está pasando…? Con lo que más lo alejan y hacen sentir raro, desorientado y lo peor rechazado por sus propios padres. Esto lo vuelve más agresivo y críticos de los adultos, y como ya tienen un cerebros más desarrollado pueden, ser muy incisivos a la hora de enrostrarle a los adultos sus propias incoherencias.

Los niños y adolescentes de hoy, viven bajo condiciones emocionales y sociales adversas, ya que por un lado experimentan la ausencia de figuras adultas incondicionales, en el sentido de estar presentes como guía efectiva, cercanía emocional y autoridad sana. La mayoría de los adolescentes de hoy experimentan su relación con los adultos desde el sentirse emocionalmente abandonados, incomprendidos, exigidos y criticados permanentemente por los adultos.

 En ese contexto sienten que los papas se interesan más por las notas, el comportamiento en la escuela, que por sus tribulaciones y procesos psicológicos. Son pocos los adultos, que se dan el tiempo para “compartir y estar” con sus hijos sin que estos se sientan evaluados, analizados o criticados y exigidos. En este juego caen padres y docentes, quienes por otro lado parecen estar sobrepasados por el número de alumnos, la complejidad de las nuevas generaciones, el poco apoyo y reconocimiento de su rol y el estrés laboral que sufre a diario. Todo lo cual les impide ser docentes comprensivos, apoyadores o pedagógicamente creativos, ya que no siempre saben cómo ser autoridad efectiva de los jóvenes, esa capacitación, los profes de hoy no las tienen.

 En este escenario los jóvenes de hoy se siente más desamparados y sin guía efectiva, sienten rechazo a la figuras de autoridad, por ser distantes y criticas, más que comprensivas o buenos ejemplos. Ese malestar se suma a la necesidad de notoriedad natural de la edad, y el deseo de construir una identidad propia, que sea “exitosa” y fácilmente reconocible por los demás, lo que les lleva a buscar maneras extremas de manifestarse y ser vistos, para sentirse más auténticos y seguros de si mismos, lo que les lleva a marcar estilos agresivos que son más fáciles para volverse notorio y visibles. Esto reforzado por la cultura patriarcal que exige ser fuerte, agresivo e imponer, y mostrar superioridad a otros, para conseguir notoriedad y “reconocimiento”, lo cual promueve un liderazgo desde la fuerza y la agresividad, como manera de resolver conflictos.

Lo que es grave porque se ve la agresividad y la fuerza como único medio para resolver problemas y hacerse notar, lo que les hace correr el riesgo de convertirse en jóvenes y luego en adultos, que protestan, pero que no tienen ideas propias, ni argumentos sólidos para sus demandas. En definitiva se quedan en la queja y hacen a otros lo que siente que les hacen a ellos.

 Este fenómeno marca una problemática grave, no solo entre los niños y jóvenes sino en la sociedad en su conjunto, la cual presenta hoy en día, niveles de salud mental notoriamente deteriorados. Ya que nuestros adolescentes necesitan agredir a pares y difundirlos en la web para sentirse importantes y exitosos. Eso da para pensar que los jóvenes de hoy, en el fondo se sienten infelices, inseguros, frustrados y más solos que otras generaciones.

 Esta situación es una señal que da mucha información que los adultos deberíamos tratar de interpretar y asumir con más capacidad analítica y autocrítica. Muchas veces nos quedamos sólo en la represión y el castigo, pero no en la reparación real. Es importante preguntarnos porque nuestros hijos necesitan mostrarse en  un video abusando, maltratando a otro niño. Que nos quieren decir con ese acto brutal que luego repiten en el “rito” del mechoneo universitario o en su vida familiar después, descalificando y agrediendo para sentir que tienen la razón o arreglar algo. Esa reacción puede ser un espejo de cómo se siente ellos tratados por la sociedad de adultos

Pablo Fuentes Díaz, Psicólogo.

 

 
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